Cierro las cortinas de un día cansado. Antes me relajo con García Montero y su “Pasado” y no puedo evitar comparar la similitud de sus palabras con lo que hoy siento.
“Después de atravesar” los laberintos inciertos de una campaña de elecciones sindicales en nuestra empresa y ver en los rostros la esperanza deseada y también el miedo acumulado, mi todavía delicado corazón escarmentado “sufre el vaho de los desmontes y vertederos” y el cansancio de los que me precedieron y compartieron las horas en los centros de trabajo y aquellos y aquellas que vivieron los primeros descalabros, se descubre sin sombrero pero con más ímpetu que chisteras de otros tiempos, ante estos compañeros y les agradezco “el aire limpio de la luna interrumpida hace ya mucho tiempo”. Realmente solo ha pasado un año, pero lo vivido y lo sufrido es comparable a un decenio enclavado.
Ahora que los ojos se me cierran y me encantaría encenderme un cigarro (lo prohibido siempre me ha tentado) no puedo dejar de pensar en los últimos acontecimientos que por desgracia (ya me contaron) se siguen repitiendo como un sambenito clavado o un mal fario impregnado en estas siglas que ha fuego nos han marcado para no ser nunca domesticados. La historia se repite decía mi abuelo, y mi niñez preñada desobedecía la experiencia arrugada insistiendo que no podía ser posible que la gente no aprendiera de los errores cometidos; recogiendo el testigo mi padre comentaba: - el poder es el único enemigo y el que lo desea la tierra de su cultivo- de ahí que con el paso del tiempo y habiendo olvidado el rostro de mi anciano amigo, hoy comparto su colofón y “se encienden todavía imágenes de guerra”.
Siempre me ha fascinado la capacidad de vestirse y desvestirse sin quitarse uno los zapatos, es decir, creyéndose uno limpio y fiel a sus principios, intentar convencer del calor que hace en este invierno frío y ser capaz de pactar con el que hace meses era un diablo particular al que había que desterrar y que la magia de su tridente de repente convierte tus incestos pensamientos en valores sin recuento “ametralladoras en sus nichos de rata”. Y como no puedo fumar y güisqui no tengo, el aroma de unas hierbas me hace divagar por las paranoias de mis sentimientos y ser capaz de convertirme en un cruel pasajero de este tren que no sé dónde quedará estacionado pero del que estoy seguro voy a ser su compañero y combatir al traidor de otros tiempos que vuelve montado en camiones nocturnos con intenciones de rancio olor a poder no merecido. Qué triste compañera tener que escribir estas palabras de las que estoy seguro algún día me arrepentiré, no más por haberlas dicho que por la añoranza de que ya no estés.
“Un rumor de palabras un tiempo de poetas” con lo ideal que hubiera sido aceptar “la voluntad civil en las pizarras” y no sentir “el golpe traicionado…en la fosa común de este barranco”.
Hay quién busca la corona de espinas que llevó un crucificado para ser con el tiempo acabado, un héroe recordado por las leyendas y milagros, y otros (que los hay) buscan la complicidad de sus hermanos, la caricia y el roce de un abrazo, la lágrima del éxito parcial conseguido, el golpe dado a lo establecido, la mirada tras un cristal del incorporado, la confianza del confiado y la esperanza del despedazado. Siento compañera que todavía tengas guardado los muertos en tu armario y tu camino este franqueado por “alambres oxidados por la lluvia” que para ti “la ciudad está en llamas, tiene el frío de los años cobardes”
Creo que has perdido una oportunidad de que mi mano vuelva a coger tu mano, de que mis labios se abran para expresar de nuevo las ilusiones compartidas y las luchas clandestinas. Creo que ha llegado el momento de apartar las zarzas del sendero y seguir creyendo que “otro mundo es posible” aunque sea sin ti.
Felicidades, lo has conseguido, has dejado una cicatriz difícil de cerrar, el “vacío de una casa” has tirado una “bandera y un himno”. Por mí no te preocupes “yo regreso a esta luna suspendida sobre los olivares” y si todavía te arrepientes y quieres cambiar, de nuevo, de rumbo, “Mira, déjame que te enseñe el eco de tu piel cuando te…”
“QUIZÁS ENCUENTRES UN DÍA
EN EL CAJÓN DE LOS LIMONES SECOS
OTRA OPORTUNIDAD.